SALTA.- En una categoría donde la paridad y la irregularidad son manifiestas, hay pecados que se pagan caro: las desatenciones, esas mismas que San Martín tuvo en el "Gigante del Norte". La diferencia con que Gimnasia y Tiro cerró el partido (3 a 1) fue exagerada, pero igual estuvo justificada. ¿En qué punto? Los regalos que los locales supieron aprovechar de su adversario. El "albo" les sacó el jugo.
Sin embargo, todo fue distinto en la primera media hora de juego. San Martín tenía chances y los primeros tres puntos fuera de La Ciudadela parecían cercanos. Mucho más luego de que Esteban Goicoechea (ingresó por el lesionado Gustavo Ibáñez), aprovechara un contragolpe perfecto, para cobrar en la red. Todo era alegría.
Pero nadie tuvo en cuenta la siesta que se tomaría la defensa "santa", justo en el momento menos indicado. Los zagueros se durmieron e Iván Agudiak sacó provecho. Entró tranquilo al área enemiga y estableció el 1 a 1 antes del descanso. Ese gol fue un duro golpe para un equipo que tuvo todo para estar en ventaja y desaprovechó sus momentos.
El derrumbe definitivo llegó cuando Leandro Zárate, la figura, tuvo una notable definición al palo más lejano de Diego Pave. Ahí se desató el carnaval en la tribuna local. Para peor, Goicoechea vio la roja por doble amarilla y al equipo le costó el doble acercarse a los dominios del 1 Juan Cruz Mulieri. Sólo Juan Chanquía parecía tener ideas para crear peligro a la valla local. Pero él solo no pudo. Patricio Rodríguez no apareció en la dimensión necesitada y así San Martín se quedó huérfano de fútbol.
Sobre el final, otra distracción de la última línea le permitió al zurdo Henry Sáez establecer el triplete que sentenció un marcador que ni el más fanático "albo" imaginó al cierre del primer tiempo.
Las caras de fastidio en el camarín "santo" evidenciaron la bronca por volver de nuevo con las manos vacías.